La etapa entre los 12-24 meses se ha considerado históricamente como un periodo silente en el que la parálisis cerebral (PC) no podía ser identificada con precisión. Durante el mismo, el abordaje predominante era «esperar y ver» la evolución del desarrollo motor, utilizando ese tiempo para descartar otros diagnósticos y retrasando la derivación de las familias a intervenciones específicas. Actualmente, se considera que este concepto es erróneo, puesto que la PC o el «alto riesgo de PC» puede predecirse con precisión antes de los 6 meses de edad corregida.
Uno de los factores que dificulta el diagnóstico temprano de la PC es la identificación de la población de alto riesgo, debido a que solo la mitad de los niños con PC tienen factores de riesgo identificables durante el periodo neonatal. Las más frecuentes son la prematuridad (30-40%) y las encefalopatías neonatales en recién nacidos a término (15-20%). Asimismo, el 40-50% de los diagnósticos de PC se realiza en recién nacidos a término que no requieren cuidados especiales durante el periodo neonatal, ni presentan riesgos identificables al nacimiento. Son los padres, cuidadores o profesionales quienes describen retrasos en el desarrollo —frecuentemente, asimetría manual o no sentarse a los 9 meses de edad.
Los recién nacidos con riesgos identificables al nacimiento (como prematuridad, encefalopatías neonatales, crecimiento intrauterino retardado, etc.) conforman el 60% de los diagnósticos de PC. Leer el artículo aquí.
¿Qué es y cómo puede detectarse antes el «alto riesgo» de PC?
Frente a la opción del seguimiento conservador, la literatura científica actual ha demostrado que la PC o el alto riesgo de desarrollar PC puede ser diagnosticado de manera precisa y temprana, utilizando el razonamiento clínico y una combinación de evaluaciones estandarizadas. Definido en una reciente publicación de Maitre et al., 2022 (High-risk for cerebral palsy» designation: A clinical consensus statement), el «alto riesgo» en PC es un criterio clínico que permite —bajo unos criterios bien detallados, que suponen un importante avance al estándar de «riesgo neurológico»— identificar de manera temprana el riesgo elevado de PC.
Entonces… ¿el «alto riesgo» es un diagnóstico?
No exactamente. No es un diagnóstico definitivo, sino un marco común para todos, que permite activar los mecanismos necesarios para el seguimiento y la intervención temprana, incluyendo derivaciones y toma de decisiones informada, incluso antes de que se confirme el diagnóstico.
Este lenguaje común no solo es una aproximación más ética —al proporcionar honestidad, transparencia y respeto a las familias—, sino que también se alinea con los principios de beneficencia y equidad en la atención sanitaria —de manera que el acceso a intervención temprana no dependa de sesgos o del «estilo» de cada servicio.
Además, aborda de manera directa la cuestión más crítica en Atención Temprana: el tiempo. Cuando antes pueda iniciarse una intervención basada en la mejor evidencnia disponible, mejor será el pronóstico a largo plazo. Y es aquí dodne la designación del «alto riesgo» en PC juega un papel crucial.
¿Cuándo se utiliza el «alto riesgo» de PC?
El consenso recomienda la utilización del criterio cuando, en el momento de la evaluación, el bebé tiene muchos componentes de riesgo en PC pero falta uno —bien porque no se ha podido realizar la prueba, o porque el resultado fue negativo. De igual forma, puede utilizarse cuando se trata de una primera evaluación muy temprana y se precisan otras evaluaciones de confirmación.
La checklist (Figura 1) propone comprobar si hay congruencia entre varios factores compatibles con PC que pueden determinarse con un proceso de evaluación sistemático (Figura 2):
- Historia clínica (p.ej., prematuridad, encefalopatía hipóxico-isquémica, crecimiento intrauterino retardado, etc.)
- Neuroimagen o test genético
- Exploración neurológica (hipertonía, distonía, hiperreflexia, etc.)
- Función motora
- Movimientos generales (cramped-synchronized o ausencia de fidgety)
- HINE < debajo de la puntuación de corte, o con un número de asimetrías relevante.
Figura 1. Infografía en español, turco e inglés elaborada a partir de los trabajos de Maitre et al. Si tienes interés en disponer de ella en otros idiomas, por favor contacta conmigo aquí.
Figura 2. Hidalgo-Robles Á, Pinzón-Bernal MY, Uribe-Ruíz C. Valoración del neonato y diagnóstico precoz de alteraciones del desarrollo. En: Evaluación Neuropediátrica Funcional. Fundamentos y métodos de aplicación. Editorial Médica Panamericana (2021).
Puedes conocer más a fondo algunos protocolos estandarizados de detección temprana de PC publicados en la literatura científica —junto a ejemplos de herramientas de evaluación como la evaluación de movimientos generales o la HINE— en esta sesión desarrollada para la Asociación Española de Intervención en la Primera Infancia (AEIPI) en abril de 2020, junto a Javier Merino-Andrés.
¿Qué facilitadores y barreras encuentran los profesionales?
De cara a la implementación de estas herramientas en la práctica clínica, es muy importante conocer la frecuencia con la que se utilzian, así como los facilitadores y las barreras que encuentran con respecto a su uso. En nuestro artículo “El camino está claro, pero la carretera sigue sin pavimentar: una revisión exploratoria sobre la implementación de herramientas para la detección temprana de la parálisis cerebral” publicado en Children.
Basado en 14 estudios de siete países (Alemania, Australia, Brasil, España, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos), esta revisión explora con qué frecuencia se utilizan en la práctica clínica la Evaluación de Movimientos Generales, HINE y la resonancia magnética, cuáles son las barreras y facilitadores para su implementación y qué se necesita para hacer de la detección temprana una realidad para todos los niños.
▪️ ¿Qué encontramos? A pesar de la sólida evidencia y la alta sensibilización entre los profesionales, el uso clínico rutinario de estas herramientas sigue siendo limitado. Las barreras se dan en varios niveles: falta de formación, ausencia de criterios y protocolos de derivación claros, tiempo y recursos limitados, ausencia de liderazgos y confianza respecto al diagnóstico temprano. La incertidumbre profesional y la fragmentación del sistema dificultan aún más una implementación consistente.
▪️ ¿La buena noticia? Los esfuerzos de implementación marcan la diferencia. Cerrar la brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos requiere más que concienciación: implica formación estructurada, liderazgo, tiempo protegido y vías de derivación claras. La colaboración multidisciplinar, el apoyo entre colegas y la motivación de los clínicos son facilitadores clave, especialmente cuando los sistemas priorizan una atención temprana y basada en la evidencia. La equidad debe guiar todos los esfuerzos para garantizar una detección oportuna para cada niño, en cualquier lugar. Monitorizar el uso de las herramientas y las barreras locales es esencial para diseñar soluciones sostenibles y adaptadas al contexto.
Implementación en España de las Guías Internacionales en Seguimiento, Detección y Diagnóstico en Parálisis Cerebral (#UnPaperEnUnCafé)
Un café ☕️ para la divulgación de mi proyecto de tesis doctoral en la Universidad Internacional de la Rioja sobre seguimiento, detección y diagnóstico temprano en parálisis cerebral.
~ Noviembre 2021 (actualizado en diciembre, 2025) © Hidalgo-Robles Á.